17/08/2009 Día 2Caminamos dirección al teleférico de Monte. Lo hicimos siguiendo los cables, jejeje.
El precio del trayecto es de 10€ para solo ida y 15 para i/v. No recomiendo para nada la vuelta, luego explicaré el motivo.
El paseo es largo, creo que son más de 5Km.
A la llegada, visitamos El Jardín tropical (10€/persona)
Un precioso jardín con flora de todos los continentes. En el centro del jardín, un gran lago con cisnes, cascadas y mucha belleza.
También había una zona con especies asiáticas y decoración al estilo japonés.
El jardín cuenta con un museo de minerales llamado "Secretos de la madre naturaleza"
En gran parte de las callecitas del jardín habían paneles de azulejos y en cada uno de ellos, un interesante capítulo de la historia portuguesa en dibujos y texto en portugués e inglés.
El paseo por el reciento es una experiencia muy relajante y refrescante con una temperatura excelente ya que uno se encuentra entre las nubes casi permanentes de Monte.
De ahí, nos dirigimos al otro teleférico, el del Jardín botánico (5€ la ida y 8 la i/v). Éste teleférico es de un recorrido más corto, aunque la velocidad del cable es inferior y da la sensación de lo contrario. En éste sí que compramos la i/v.
Llegada al jardín botánico. 3€/persona.
Pagamos los 4, pero sólo mi novia y yo lo paseamos pues después de pagar, nos encontramos con una pendiente de esas que como te resvales, llegas antes que nadie abajo... Mi madre pensó en que después de bajarlo, había de subirse y se negó. Mi hermana se quedó a hacerle compañía.
No estaba mal del todo pero el error fue haber visitado antes el precioso jardín tropical. El botánico se nos hizo sencillo y pequeño en comparación.
La zona de las orquídeas era bien pequeña, de unos 2m2.
De vuelta al teleférico que nos volvía a dejar en Largo das Babosas (Monte).
Caminata hacia la Iglesia de Nuestra Señora de Monte, pasando por la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción.
Para acceder a la Iglesia se ha de subir una gran escalera, que se hacía más grande con el historial de caminar que llevábamos ya ese día.
Portugal es un país muy religioso (dentro de las iglesias podías ver que en la calle, al pasar los niños se santiguaban, algo impensable aquí, por ejemplo) pero destaca que sus iglesias y catedrales son más bien sencillas. Como ejemplo, la catedral de Lisboa.
Tras la visita a la Iglesia de Monte, no podía faltar la bajada en carros. Por eso no compramos el billete de vuelta en el primer teleférico. Tenedlo en cuenta.
Vaya locura! jajaja. Te suben a un carro de cesto con 2 tablas a modo de trineo y que es impulsado por 2 carreiros equipados con unas botas especiales que usan para frenar y para dirigir el carro, además de las cuerdas.
He encontrado un video en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=Ztm54hxZRmMEl recorrido es de unos 4Km y el precio es de 20€/persona, 25€ si son 2 pasajeros en el carro o 37€ para 3. (Hay carros más grandes para 3 personas)
Pagamos 50€ por la experiencia, muy caro pero merece la pena por lo divertido.
A la llegada, un tipo de intenta vender la foto igual que en Port Aventura, jejeje.
A partir de aquí ¡ojo! Como los carreiros te dejan a mitad de camino entre Monte y Funchal, el resto del camino lo has de hacer por tu cuenta. Tienes 3 opciones: Caminando, en bus o en taxi pero cuidadín con los taxistas en ese punto!!!
Además de pelmazos pues parecen moscas de esas que te gustaría sacártelas de encima con un manotazo, son unos caraduras. Te persiguen todo el rato comiéndote la cabeza con que bajes en su taxi. Te van diciendo precios, empezamos con 15€ ¡¡¡flipaaaaaaaaaaoooo!!!
Nos fuimos a la parada del bus y desde ahí podías ver cómo todos los taxistas agobiaban a los turistas. A nosotros se nos pegó uno que no paraba de calentarnos la cabeza todo el rato. Éste nos dió un precio inferior: 10€ caro igualmente por el corto trayecto que debía hacer.
Daba igual que le dijeras que no, pues él seguía con su pesadez. No paraba de hablar, incluso cuando estábamos hablando entre nosotros. En varias ocasiones le dije con firmeza que no, que no insistiera, pero de nada servía, él seguía. Después de 5 minutos agobiándonos, le pedí en voz alta que hiciera el favor de dejarnos en paz. Se fue pero al minuto allí estaba otra vez y no se fue hasta que no vino el bus y nos libramos de él. Igual que nosotros, el resto de turistas. Había un taxista-mosca por cada grupo de turistas.
Como el bus tardaba, mi madre quería tomar ese taxi a lo que me negué totalmente, por razones evidentes.
Continuará... (ya estoy cansado de escribir por hoy)